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Así como algunos escritores dicen que escriben para no hacer algo peor, Daniel
Aramburu exorcista sus historias a través de sus creaciones. Por eso puede apreciarse en muchas de sus colecciones lo bello con leves salpicaduras de lo tétrico. Guiños oscuros que armonizan perfectamente con
la luminosidad y el esplendor con el que juega su talento.

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Daniel Aramburu ganó, por segunda vez, el premio mayor del Certamen de Carpetas de Prensa MODAlité. Y no es casual sino más bien es a causa de su obsesión y de su perseverancia. “He perdido parejas amadas por mi ritmo de trabajo pero es algo que no puedo hacer de otra manera”, dice desde su salón ubicado
en pleno barrio porteño de San Telmo. Allí, detrás de su sillón de todos los días, hace peluquería. Una
peluquería de vanguardia y no complaciente para ese nutrido grupo de clientas que lo siguen y se sienten tan identificadas con él como para jugar juntos como en una de las imágenes que reproduce esta página.
-¿Peluquero de barrio, peluquero de elite…?
-Peluquero. En el día a día peluquero de todas esas clients que ya me conocen desde hace más de veinte años y, lo que es más importante, que conozco profundamente…
-Ingresaste a la peluquería casi de casualidad…
-Sé que todo el mundo lo dice pero, sinceramente, no hay casualidades. Hay señales en la vida, que si uno sabe interpretarlas encuentra una especie de guía. En mi caso fue una peluquería de Caballito cuando yo no sabía ni siquiera qué quería hacer de mi vida. Buscaban a una recepcionista y me vieron lindo y joven
así que empecé a trabajar ahí. Luego me mudé y empecé toda i historia.
-¿Cuál es el objetivo que te trazás en el trabajo diario?
-Fudamentalmente que la mujer pueda sorprenderse al terminar mi trabajo y descubra todo lo que se podía hacer por su belleza o por ella misma…
-Ganador General del Certamen MODAlité por segunda vez ¿se crea para los concursos?
-Si lo decís en el sentido de si hay una manera específica de crear estilos para ganar concursos, para nada. Y menos en un certamen como el de esta editorial que es absolutamente independiente de las marcas. Lo que sí hay es plantearse un desafío, dejarse llevar por la intuición y luego, ordenar toda la información que se genera en el equipo y tomar decisiones para encarar la colección. Sea que éste participe o no en un
concurso.
-Crear una colección, más allá de que concurses con ella, implica costo y tiempo ¿cuál es tu motivación para hacerlas?
-En primer lugar, siento que cuando creo una colección hago estilo. Es decir, me inspiro desde un cuadro o desde algo que vi en la calle o una película y transformo eso en algo muy propio que es lo que sé que me va a identificar como creador. Generar esa síntesis y sentirte satisfecho con el resultado obtenido, no tiene precio. Aunque seas vos solo el que pueda apreciar lo logrado.
– ¿Cuánto de eso se aplica luego en el día a día?
– Yo creo que todo. Una parte lo hacés de manera consciente y otra, inconsciente. Esto último pasa cuando te sorprendés a vos mismo haciendo una coloración o una geometría impensada. Es cuando sentís que lo cotidiano se vuelve mágico…

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