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De la mano de la tendencia hipster, la barba regreó para quedarse. Totalmente contrapuesta a la tímida barba yuppie, la frondosidad del vello facial es tan fuerte que ha generado una revolución en los centros de implantes capilares donde cada vez son más los hombres que consultan para convertirse en señores barbados.

Desde que la subcultura urbana hispter impuso las barbas fron-dosas, los consultorios de cirujanos estéticos se han poblado de hombres que quieren hacerse implantes capilares en su rostro.

Atrás quedó aquella tendencia a las barbas de tres o cuatro días que hiciera famosa Mickey Rourke en el film “Nueve semanas y media” allá por 1986. Esa cuidada desprolijidad muy poco espontánea de los yuppies hoy se contrapone de manera muy drástica con la de los hispters contemporáneos, que tampoco son nada espontáneos.

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Mientras los yuppies buscaban descontracturar la rigidez de la estética del jopo y del fijador; y la suavidad de las mejillas rigurosamente afeitadas, al estilo “Mad Men”, los hipsters, en su síntesis de subculturas urbanas, reinstalan la barba como emblema de modernidad y virilidad.

Todo esto constituye un verdadero desafío al peluquero. Sobre todo a la hora de estimar qué es corto o mediano cuando se trata de recortar una barba. Pero no solo eso ya que si bien es cierto que un hombre que sabe llevar sus barbas también debe saber de memoria el número de peine que ha de usar el barbero para recortarla, hoy gana importancia también la forma, el volumen y el cuidado. Sobre todo porque muchos de los seguidores de la moda hipster son también recién llegados a este hábito de lucir la vellocidad facial.

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Lo que natura non da

Claro que no todos tienen una barba tupida como la que reclama esta nueva tendencia urbana. ¿Qué hacen ante esta stuación los barbilampiños? Muchos de ellos, apelan al quirófano para dotar a su rostro de esa barba tan deseada.

Bessam Farjo, médico y cirujano que luce su rostro muy bien afeitado, fue quien realizó el primer implante de barba en el mundo. En su clínica, ubicada en Reino Unido, trasplantó en 1996 a un paciente que había sido víctima de quemaduras severas.

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[quote style=”default”]HIPSTER

La moda de no estar a la moda. Ésa sería la mejor definición para un hipster. Es decir, ser diferente y no seguir tendencia. Un consumidor de cultura alternativa de gustos cultos y muy sofisticados que rechaza todo lo que provenga de las usinas masivas de consumo. De ahí su búsqueda permanente de músicos o de cine independiente.

La forma de presentarse ante el mundo tiende más a lo vintage: anteojos de marco plástico grueso; remeras con inscripciones irónicas y morrales de diseño.

Hipster no es un término nuevo. Su origen se remonta a la década del 40 del siglo pasado cuando se denominaban hip entre los conocedores de la cultura afroamericana en general y del jazz en particular. La palabra pasó de hip a hepcat y de ahí a la actual hipster.
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Lo que cuesta…

El trasplante capilar es el más popular entre la cirugía masculina en Reino Unido, según los datos de la Asociación Británica de Cirugía Estética (BAAPS por sus siglas en inglés). En el año 2011 se llevaron a cabo 4.500 procedimientos en el país, un 13% más que en 2010. Si se compara con las 1.043 rinoplastias a las que se sometieron otros tantos hombres británicos, los trasplantes capilares han triplicado ese número.

Un implante completo de barba cuesta entre 7.000 y 8.000 dólares. Se trata de una intervención que dura unas siete horas. Esto va a depender del tipo de pelo del paciente y de la densidad que desee.

Farjo afirma que si lo que se necesita es un relleno o disimular zonas en que el pelo no crece tanto, el precio ronda está entre los 2.000 y los 3.000 dólares.

¿Barba eterna?

¿El resultaddo de un trasplante de pelos para barba dura para siempre? Lo natural es que dure toda la vida. Pero, de todas maneras, hay que tener en cuenta, como lo señala el académico británico, va a depender de la zona donde se extrajo el pelo trasplantado.

“Si se tomó vello de la nuca y la nuca comienza a perder pelo, el de la barba también se caerá”, explica Farjo. Una vez extraído

el pelo, se puede implantar en la cabeza, en los brazos, en las piernas o en la cara.

Kevin Ende es un especialista de Estados Unidos que desde 2007 ofrece el servicio de trasplante capilar para barbas. Casi de golpe este tipo de trasplante capilar se convirtió en un servicio estrella para la clínica.

No es para menos, ya que hasta la Madison Avenue, donde está instalada la clínica de Ende, se acerca un promedio de entre dos y tres visitas semanales.

También en Manhattan, la médica Yael Halaas atiende las consultas de muchas mujeres que se encuentran en plan de cambiar de sexo. Ellas también buscan tener la posibilidad de usar barba.

Lo curioso es que en la sala de espera del consultorio de esta cirujana de origen argentino aguardan su turno estas mujeres en proceso de ser hombres con muchos judíos ultraortodoxos, un segmento israelita más que conservadores, para quienes la barba juega un papel importante.

De todas maneras, Farjo como Ende y Halaas desde sus diversas experiencias llegan a la conclusión de que los seguidres de la moda hipster, sobre todo los que tienen entre 20 y 30 años de edad, son los más entusiastas a la hora de crearse una barba cultural, urbana, moderna y viril.

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