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La intuición es a la gestión lo que la inspiración es a la creación en la peluquería. Esta suerte de razón invisible que produce ideas innovadoras no reemplaza a la información como tampoco la inspiración suplanta a la técnica. Sí es un aliado a la hora de gestionar un salón. Aquí, hacemos una recorrida de como potenciar la intuición para gestionar, en especial, el tiempo de nuestra peluquería porque, sin lugar a dudas, capital e intuición son dos capitales invisibles.

Intuición e información no son dos términos contrapuestos sino todo lo contrario. La intuición contempla a la información o a la realidad y con el auxilio de los sentidos generan nuevas ideas y propuestas que, a simple vista, pueden ser tildadas de irracionales. Sobre todo cuando se trata de decisiones que afectan al negocio.

¿En qué se relacionan intuición y gestión del tiempo? En que el tiempo es el capital por excelencia que tiene, en este caso el salón, y como todo bien escaso requiere ser ya no sólo administrado sino rentabilizado y optimizado al máximo. Y para ello hace falta contar con información para decidir pero también es esencial apelar a la intuición para que esas decisiones nos hagan ser diferentes.

En especial, en este presente de tiempos líquidos como los bautizó el sociólogo polaco Zygmunt Bauman donde ya las reglas no son tan estrictas ni las leyes que antes daban resultado tan seguras.

Claro que apelar a la gestión a través de la intuición no es quedar librado a la irracionalidad. Sino a hacer cosas diferentes con la información que el propio salón produce con su actividad. Ya es una verdad de perogrullo que el cliente desde que entra al salón hasta que se va deja huellas de información que hay que saber rescatar y leer. Desde las revistas que elige hasta algún posible comentario en el lavacabezas. Ni hablar, entonces, de los horarios y días de concurrencia a la peluquería.

Estos días y horarios marcan una agenda que hay que comprender al máximo para sacar toda la rentabilidad posible a las llamadas horas muertas, es decir, el tiempo en el que el salón queda vacío.

Esa razón invisible

Lejos de ser irracional, la intuición constituye otro tipo de razón que emerge a partir de un proceso totalmente diferente al de la lógica. Su aparición es como la punta de un iceberg o, también, algo similar a la inspiración.

Con la inspiración creamos más allá de nuestra racionalidad pero con el auxilio de una técnica que nos permite ir sobre seguro. La técnica, en este caso, se puede equiparar con la razón, con los datos de la realidad concreta porque es ella la que nos permite viabilizar la nueva idea.

Desarrollar la intuición

Suele decirse que hay personas intuitivas y otras que no lo son. Y, la verdad, que es preferible hablar de personas que tienen más tendencia a resolver sus problemas de manera intuitiva y otras que apuestan más a la lógica. Pero lo cierto también es que la intuición se desarrolla aprendiendo a dejar que la experiencia y el conocimiento adquiridos se activen en un proceso inconsciente que dará como resultado una idea o una alternativa nueva.

Algunos de los hábitos a adquirir para potenciar la intuición son:

  1. Mantener pensamientos y actitudes positivas. Aunque parezca extraño, este hábito hace que se graben en nuestra memoria y aparezcan de forma inconsciente para ayudarnos a resolver un problema.
  2. Tomar como entrenamiento el hacer las cosas de manera diferente y observar los efectos que ello crea a nuestro alrededor.
  3. Crear una lista de ideas para poner en marcha en los próximos meses.
  4. Analizar las cosas desde distintas perspectivas. Para esto se recomienda un pequeño ejercicio para realizar en el salón:
    1. Sentarse en el salón a solas en un sillón. Mirar al espejo y observar con detenimiento lo que se ve en él.
    2. Cambiar de posición y mirar hacia la puerta. Preguntarse ¿Qué pasa ahora con nuestras ideas?
    3. Volverse hacia el lavacabezas ¿Qué impresión aparece?

    Al final del recorrido se comprueba que cada perspectiva trae nueva información, nuevos modos de ver la misma realidad.

  5. Observar qué hacen tus clientes. Analizar los pequeños cambios que se van dando: ¿vienen menos?, ¿hablan menos contigo?, ¿están más concentrados en sí mismos?, ¿los ves más incómodos?

Todo esto corrobora lo dicho al principio: así como un trabajo maestro de peluquería une técnica e inspiración, la gestión de un salón, en especial de los tiempos del salón, deben conciliar a la intuición con la razón.

EL TIEMPO,
UN CAPITAL POR NATURALEZA

EL TIEMPO, COMO TODO BIEN ESCASO, NECESITA SER ADMINISTRADO. ES EL CAPITAL POR EXCELENCIA DE TODA PERSONA. POR ENDE, CUANDO UNA PERSONA PIERDE TIEMPO, PIERDE VIDA. EL SALÓN CUANDO NO RENTABILIZA AL MÁXIMO SU TIEMPO DRENA GANANCIAS.

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Y así como una persona consume oxígeno, agua y alimentos sólo por estar vivo, un salón también consume recursos sólo por existir. Esto significa que sea como fuere la peluquería sólo por estar abierta tiene un costo básico por hora. Esto está dado por el alquiler, la luz, los impuestos, los salarios y otros gastos fijos que no están relacionados directamente con el costo de productos y servicios brindados…

Puede estimarse que un salón pequeño, con un empleado tiene un costo fijo aproximado de entre $80 y $100 la hora en que permanece abierto al público. Este cálculo se hace en base a una peluquería que abre 10 horas diarias de martes a sábados.

¿Qué pasaría si el dueño de ese salón haría como ejercicio apartar de su caja $80 por hora que pasa abierto el local? Lo haga o no este ejercicio la realidad es que ese es el costo aproximado del tiempo en la peluquería.

Por otro lado, el peluquero al depender de la presencia del cliente para trabajar, no puede “ganar tiempo” haciendo producción para un stock. El tiempo, entonces, es algo así como el envase en el que consiste el servicio que el profesional le vende a su cliente.

El problema se presenta cuando la clientela cambia de hábitos y adquiere comportamientos que son difíciles de prever. Por ejemplo, muchos salones han ensayado con éxito abrir los días domingo. Pero, como toda decisión, no es aplicable para todos.

Por eso es que el gran desafío es entender con la máxima precisión las necesidades de nuestros clientes. Esa va a ser la única manera en que podamos rentabilizar cada hora activa de la peluquería.

A continuación se enumeran algunas sugerencias básicas para eliminar el fantasma de los tiempos muertos en el salón sin que esto afecte el buen funcionamiento del mismo:

  1. Llevar un registro de actividades que nos permitan estimar los días y las horas de mayor afluencia de clientes y los servicios que más se demanden.
  2. Evaluar la posibilidad de ofertas para determinados días y horarios de servicios que están poco comercializados en el salón.
  3. Jamás se debe atacar a la base de ingresos actuales. Es decir, no sirve realizar un descuento en días u horarios específico para un servicio ya consolidad en el salón. Porque de realizarse este tipo de promoción lo que se puede lograr es una “fuga” de clientes actuales a esos días, lo que va a redundar en pérdida de ingresos.
  4. Evaluar con muchísimo cuidado la relación costo beneficio en lo que hace a las promociones que se realicen en horarios de baja demanda. Muchas veces sucede que una subestimación de los costos de estos servicios, sobre todo los que más tiempo de salón requieren, generan una pérdida de dinero encubierta.

Todas las acciones deben tener una fecha de inicio y otra de cierre. No alargarlas más allá de los tres meses para no crear costumbre-dependencia en los clientes.