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Revista-moda-peluqueria-modalite-edicion-numero-17

Los clientes grandes suelen ser grandes clientes y atenderlos es un desafío que si el profesional logra superar puede combinar rentabilidad y fidelidad. Una oportunidad que, en muchos salones, pasa inadvertida.

La clienta de edad madura no es especial pero tiene sus particularidades. Por empezar, miedo. Teme a que si se anima a cambiar de look pueda quedar en ese lugar de donde nunca se vuelve: el ridículo.

Pero ese temor es quizás la punta del iceberg. Y, como sabemos, ante el temor y la incertidumbre, nada mejor que un profesional para guiar hacia la belleza a esta mujer que inaugura edades desconocidas para ella. Por cierto una tarea compleja pero que tiene la recompensa de hacer feliz a esta persona en cuanto a su imagen personal, que es la razón por la cual se es peluquero; y, desde ya, el beneficio económico.

Sustentabilidad.

La clienta de edad madura es una clienta fiel. Eso sí, siempre y cuando se sienta bien tratada, respetada y, sobre todas las cosas, no sospeche que se pretende hacer cualquier cosa en su cabeza con tal de engrosar el ticket.

El estilista tiene que aprender a leer a este tipo de clienta. Sobre todo en lo que hace a los resquemores para realizar un cambio radical en su imagen. Lo que ella espera del profesional es, precisamente, su conocimiento y su contención.

Ella sabe que una correcta asesoría de imagen podrá guiar hacia un estilo determinado que refuerce la presencia, transmita carácter, movimiento, sensualidad, aplomo o juventud.

Pero, ojo, si se pretende una clienta sustentable no hay que dejarse tentar por el ticket fácil. Sencillamente porque esta mujer cuenta con experiencia en peluquería y ha vivido, con toda seguridad, más de una decepción.

Canas: si o no.

Algunas mujeres prefieren no teñir sus canas. Esto abre la oportunidad de recomendar otros servicios como es el baño de color. Con ello pueden matizarse las canas y suavizar así ese tono chillón amarillento y áspero que las caracteriza.

Peinados.

Aunque la edad no es un límite ni un condicionante a la hora de realizar un peinado, un corte, aplicar un color o colocar unas extensiones de pelo, si es cierto que según pasan los años, las mujeres se muestran más reticentes a cambiar su imagen. Aquí es importante que el profesional inspire a su clienta al cambio. Pero no al cambio porque sí, al cambio vano sino a una adecuación de la imagen personal al momento en que vive la clienta.

Queda dicho: la demanda de la clienta en edad madura no es atendida en muchos salones como corresponde a pesar de que las clientas grandes suelen ser también grandes clientas.