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Psicoestética, la era de la imagen

EN TIEMPOS DONDE LO VISIBLE PARECE SERLO TODO, LA PSICOESTÉTICA INTENTA POR TODOS LOS MEDIOS RESCATAR ESA IMAGEN PROPIA QUE TIENE TODA PERSONA PARA QUE NO SÓLO SE SIENTA ATRACTIVA HACIA AFUERA SINO QUE TAMBIÉN SE SIENTA CÓMODA Y SEGURA
HACIA DENTRO DE SÍ MISMA.

rubia tatuada

Creada en 1971 por el grafólogo y psicólogo español Carlos Muñoz Espinalt, esta disciplina ha calado hondo en un gran sector de la peluquería peninsular y se ha propagado a muchos países.
¿En qué consiste la psicoestética?
En lo esencial, consiste en dotar a la persona de una serie de elementos que la hagan ver y sentirse únicas. Para ello se basa en la búsqueda de cuatro objetivos:
1. Que el resultado le favorezca
2. Que le haga ver actual
3. Que le quede bien
4. Que se vea bien
A esto se suman los cuatro conceptos con los que los psicoestetas componen a la elegancia:

1. El peinado
2. El vestido
3. La figura
4. La personalidad
Ante esto, la pregunta inevitable es cómo juega en todo esto la psicología. Ramiro Fernández Alonso, un peluquero que hace un culto de esta disciplina no duda en afirmar que “la estética responde a los temores de la persona y es desde ese temor donde se relaciona con la psicología”.
Fernández, como todos los psicoestetas, basan su visión de la peluquería y de la imagen personal en sí en que vivimos en la era de la “imagocracia”, es decir, del régimen de la imagen. Una imagen que, como ya se señaló, tiene que ser coherente con la personalidad y la vida cotidiana de la persona.
Selfies o los espejos en red.
La constante exposición de la imagen personal a través de las redes sociales ha acentuado ese temor a verse decadentes, ridículos y despersonalizados. Y es aquí donde se encuentra el principio activo principal de la psicoestética.
En relación a las redes sociales, puede decirse desde la psicoestética que una de las manifestaciones más fuertes de la “imagocracia” son las selfies. Esas imágenes de sí mismos, ya sea en solitario o en grupo, que son luego rápidamente subidas a la red, se han transformado en algo así como la representación de un espejo social. Y acá llegamos a una palabra que es clave a la hora de seguir analizando la psicoestética: el espejo.
Porque, claro, una cosa es la selfie con todas las mediaciones que ella conlleva en cuanto a dispositivos digitales y otra muy diferente es el espejo que devuelve la imagen de quién se refleja en él. Porque no es lo mismo mirarse a través de una pantallita donde la imagen que vemos es una construcción de bytes que hace un ojo digital, que nuestro simple y contundente reflejo inmediato, es decir, sin mediaciones.
Forma y fondo
Para la psicoestética en el reflejo del espejo capturamos la forma lo que nos permite vislumbrar el fondo. Esto se logra al captar la expresividad plena del rostro construido no sólo por los rasgos estables sino por los matices dinámicos que, a veces casi imperceptiblemente, generan una gestualidad sutil pero relevante.
El peluquero contemporáneo, para esta disciplina, se convierte en asesor de imagen a través de la interpretación del conjunto de la imagen de su cliente. Requiere de esta información para realizar su trabajo cuyo objetivo es nada menos que potenciar la personalidad de quien le confía su imagen.
Muñoz Espinalt considera que en el gesto se halla, no el pasado, sino el futuro de una persona. Y que el peinado permite potenciar esos gestos lo que le da intencionalidad a ese futuro. Esto es así, sin lugar a dudas, porque la intención que le demos al peinado nos ayuda a mantener, incrementar o intensificar la expresión del rostro.
Por todo esto es que para la psicoestética cuando se cambian aspectos del peinado, se modifica la gestualidad y esto hace que se encuentren nuevas motivaciones para que afloren aires renovados a la personalidad. No es casual, entonces, que Muñoz Espinalt haya escrito en uno de sus tantos artículos que
“el cabello es bandera de nuestra personalidad”.
Imagen, comportamiento y entorno
Para sobrevivir en la era de la imagocracia, la psicoestética cree necesario alinear tres elementos en una persona: imagen, comportamiento y entorno social. Esto constituye el pilar fundamental que necesita toda persona que, por la razón que fuere, tiene cierta exposición pública. Ya sea desde un aula o desde una sala de conferencias esa persona sabe que necesita convertir su aspecto personal en una herramienta para seducir, convencer, progresar…
Por otro lado, trabajar la imagen de esta manera favorece la autoestima. Para los cultores de la psicoestética, en este aspecto, no hay magia, ni grandes fórmulas: sólo pequeños detalles.
Por ejemplo, potenciar la expresividad, adecuar la vestimenta o lucir un peinado. El mensaje que se está enviando será el de una persona con personalidad y gusto, que conoce las tendencias sociales y de moda, que reclama su posición y que merece la pena ser escuchado.
El estilista como espejo
Y es aquí donde el peluquero debe transmutarse también en una suerte de espejo que le devuelve a su cliente toda la información que le ha brindado -ya sea verbal como no verbal- en forma de una propuesta estética totalmente personalizada.
Todo esto hace que, como dice Ramiro Fernández Alonso considere que “la peluquería de hoy y de mañana será psicoestética y los profesionales que nos dedicamos a ello tenemos ante nosotros el reto de desempeñar el oficio con la capacidad, la preparación y las exigencias que marcan la vida moderna”.

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